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Relato de Luciano Hutinel

FOTO 110K  Un Corredor Solitario

Cuando Enrique Merino envió el correo sobre la posibilidad de escribir las vivencias de la MIDS me surgió la curiosidad de leer los otros relatos existentes en la web del Club, y con gran entusiasmo y muy entretenido, leí cada uno de ellos. Sin embargo, al terminar la tarea, me di cuenta que mucho de lo que allí se relataba no lo vive un corredor de 10K, es más no había relato de un 10K. Y claro, muchos dirán que es así; el tipo de prueba no permite replicar las vivencias expresadas en los 21 o 42 kilómetros. Y es cierto, es así. Sin embargo, el sentimiento de soledad igual existe. Yo llegué hace 5 meses a entrenar con Full. La experienca ha sido increiblemente positiva, y hoy como dice el profe Roberto, estoy “envenenado” hasta el fondo, y muy agradecido del recibimiento de todos y cada uno de los socios Full,de Tito, Italo y de nuestros entrenadores Roberto y Ronald , que han hecho de un ex futbolista de piernas chuecas que corria los 10K en 57 minutos, en un runner, ex futbolista de piernas chuecas que hizo los 10K MIDS en 40:08. Y aquí me detengo, porque es de toda justicia decir que mi primera reflexión no es tal. Ustedes dirán este tipo esta loco, bueno algo de eso hay. Lo que sucede es que cuando repaso y repaso las carreras que he corrido desde que llegue al Club (Costa Pacifico (4º); Media Maratón Coquimbo (1º); Media Maratón Valdivia (2º), Energizer (17º); Media Maratón Coronel (2º) y MIDS), todas en 10K por cierto, me doy cuenta que junto al Club sólo he corrido 2. Costa Pacífico y MIDS, y me doy cuenta que efectivamente ningún compañero corrió junto a mi, porque la mayoría esta en los 21 o los 42. Que nadie en bicicleta te daba ánimo, ni te hidrataba, que nadie te ayudaba a mantener el ritmo, ni te decía “dale afirma el paso”. Pero lo verdaderamente cierto, es que todo eso lo hicieron muchas veces, cientos de veces, en cada entrenamiento que fui. Como olvidar a Cristián Marín en mi primer Sábado entrenado con los Full, camino a Viña, contandome la importancia de usar vaselina en los pies, quizás él no se acuerda; o a Gerald explicándome lo del Split negativo o dándome animos incansables en Bosques para que no aflojara el ritmo, igual que Ricardo Ayala; a Claudio Reyes y Jose Johnson dandome aliento de vuelta del kilómetro 6 de Con Cón, mientras yo me preguntaba porque había dejado el futbol si el tercer tiempo siempre era espectacular. O a Zanetti ofreciéndome toda la ayuda que necesitara e integrandome al grupo de manera fraterna. Ellos apenas me conocían y probablemente no sabían ni como me llamaba. Gracias a todos por sus gestos,por su desinteresada compañía. Pero volvamos a los 10K. En Santiago había que encajonar temprano, de los primeros si quería cumplir la meta y hacer mi mejor marca. Un par de meses atrás cuando rondaba los 46 minutos, le confesé  al profe Roberto que mi meta para Santiago era llegar entre los 10 primeros de mi categoría (40 a 44), o sea, bajar 6 a 6 minutos y ½. mi mejor marca de entonces. Fue así que llegué a las 06:45 a la Moneda, nadie sabía cuando y por donde encajonaban los 10K, a nadie le importaba mucho tampoco. De hecho luego de correr y volver del Hotel a buscar a los compañeros Full, el sector de 10K ya había sido desmontado, y ahí volvi a sentir que somos el pariente pobre de toda maratón. Con Daniela, mi mujer, preguntamos innumerables veces donde se encajonada, los mapas estaban mal hechos  y nos daban siempre informaciones distintas. Finalmente decidí meterme a la Alameda y esperar ahí. Era pajarito nuevo y no podía correr riesgos. Daniela quedaba sola en la noche de un domingo frío. Una media hora después, cuando despuntaba la luz del dia, veo a Victor Cárdenas unos corredores más allá con la roja de Full. Ya no me sentía tan solitario. Por mientras, los empujones y codazos por ponerse en primera fila, eran la forma preferida para calentar la corrida. Los equipos de San Javier y Talca, todos jóvenes, eran los más pesados. Finalmente partimos pasadas las 08:25, el ritmo inicial era excesivo para lo planeado, bajo los 3:30. Yo debía salir en 04:10 y llegar en 03.30 app a la meta. Siguen los codazos y empujones. Yo me sentía en el estadio Chinquihue jugando la final del Campeonato Nacional de Futbol de abogados; debo confesar que no era un problema. Asi fue como avance rapidamente y una vez despejada la ruta, bajé el ritmo a 04:00 el primer km y finalmente a los 04:10 originalmente programados. Doblando por Avenida Brasil, saludo a la Cata Naveas que iban felices con Rosario Espinoza. De ahí en adelante me concentré en el ritmo y nada más. Llegué al Kilómetro 5 ½ sin un segundo de ahorro, el tramo era en subida ligera, esa invisible, que va desgastando callada, artera. Ritmo: 04:25, mal, muy mal!. Había bajado mucho la velocidad. Fue en ese instante que veo a Ronald Carter que se acerca y me dice: “Muy bien Luciano vas entero, dale”, mi reloj marcaba 04:26 seguía lento, y ese fue el minuto clave. Porque a las palabras de aliento de Ronald, le sigue a lo lejos un silbido familiar, un silbido amigo, un silbido que te dice: “Que esta haciendo, póngase a correr”. Era el profe Roberto. Nuevo ritmo: 04:13. Doy la vuelta por el Puente del Arzobispo y aparece Sylvita dándome ánimo y tras ella el profe Hidalgo diciéndome “Yo sabía que podía hacerlo. Ya váyase, suelte el freno y se larga”. El martes siguiente a la carrera, Sylvita se reía de mi, porque me contaba que cuando Roberto me dijo eso, yo salí disparado como bala, endemoniado, casi con espuma en la boca. Ahí dejé atrás a un grupo de corredores jóvenes con quienes veníamos “chupandonos ruedas” desde el kilómetro 6 . Comenzaba el sprint final, y empiezo a sobrepasar corredores y esta vez a diferencia de lo ocurrido en Coronel, no me trataron de tapar la pasada con un codazo, al contrario, un corredor se da vuelta y ve que venía corriendo como demonio, y me grita ¡vamos! ¡vamos!. Veo el cronómetro a lo lejos y marcaba 39:47 , volví a cambiar de marcha y cruce la meta en 40:08. No había ningún compañero Full, sentimientos encontrados, había bajado mi última marca 2 minutos 31 segundos, pero había quedado picado porque no había bajado los 40 minutos. Seguía sin saber que hacer, no había nadie conocido. No habían fotos de la llegada, porque no dejaron pasar a Daniela. No había una camiseta full a quien abrazar, nadie me decía ¡bien Luciano, bien!. Finalmente picado, muy picado, me encontré con mi señora sintiéndome en silencio, un corredor solitario.

Hoy puedo decir que fui injusto, porque la única verdad es que siempre me acompañaron, desde el día uno de entrenamiento, desde mi primera carrera Full, cuando pasaba por nuestra carpa  y el profe Roberto me dice “Que está haciendo Hutinel, vaya y me pasa a todos esos que van delante suyo”. Tito e Italo se reían después por como había salido disparado y pasado a todos los corredores.

Es así como hoy en la calma puedo decir: ¡que importa que corra solo y llegue  a la meta sin ningún Full esperándome, gritándome o dandome un abrazo de misión cumplida!; ¡que importa ser el pariente pobre de la maratón!; ¡que importa que se diga que los 10K son un juego! Que importa, si al final de cuentas, soy el primero en recibir aliento y cariño de todos los amigos y profesores en cada entrenamiento, en cada corrida con los Full.

Epílogo

Finalmente llegué décimo en mi categoría, bajé los 6 minutos originalmente autoimpuestos, fui felicitado ya no se cuantas veces por mis compañeros Full; y digo “finalmente” porque yo seguía picado y obsesivo; pero eso es para una segunda parte…

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