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Mi primera maratón

Era Agosto de 2012 y escuché acerca de la Maratón de Buenos Aires. Por esos días ya la lesión estaba en el pasado, y por qué no intentarlo nuevamente.


Rodrigo Munoz 02Km 10 de la maratón de Santiago de 2012 y la tendinitis vuelve a aparecer y la ilusión de terminar la carrera se desplomó. Fueron varios días de tristeza, a nadie le gusta perder, fracasar, pero rápidamente se abren nuevas metas, nuevos objetivos. Era Agosto de 2012 y escuché acerca de la Maratón de Buenos Aires. Por esos días ya la lesión estaba en el pasado, y por qué no intentarlo nuevamente.

7-10-12, 7:30 horas, Km 0: la partida está llena de emociones encontradas, ganas de partir, nerviosismo, música y sobretodo caras desconocidas pero cercanas, todos con el mismo objetivo de terminar la carrera y vencerse a sí mismo.

Los primeros kilómetros son de puro autocontrol, el instinto y el entorno me empuja a correr mas rápido, a no perder posiciones, a demostrar que eres competitivo, pero esta vez es diferente, me he juramentado controlar el ritmo, a 20 o 30 segundos más lentos que la media por kilometro que podría correr. El desafío lo conozco, no estaba ahí, llegará 25 km más adelante cuando las fuerzas y los esfuerzos acumulados te pasen la cuenta.

El paisaje y el clima me acompañan esta vez pienso, mientras recorro grandes avenidas llenas de banderas chilenas mostradas con orgullo por las familias de los corredores que comparten la patria y el entusiasmo por este deporte. El primer gran trayecto remata cerca del Obelisco y paso  los 10 k exactamente en el tiempo previsto, muy cerca de 48 minutos, de verdad estoy disfrutando. Mantener el ritmo, no apurarse y que la ansiedad te traicione es la tarea de este momento. La casa Rosada, luego un giro en 180° que de verdad molesta, te saca de ritmo, pero aun hay fuerzas para retomar.

 

Rodrigo Munoz 01Enfilamos ya hacia La Boca, un corredor e hincha furibundo que corre con los colores Oro y cielos, me recordaron a mi Everton querido, pero rápidamente se desborda en gritos y cánticos de Boca con los que se gana el aplauso y apoyo de todo el público que vitorea el paso de los maratonistas.  Km 16 y todo bajo control, me siento fuerte y aún entero. El segundo gran hito está por llegar.

El grupo continuo de corredores se empieza a abrir, calles encajonadas, la humedad y la lluvia tenue, se contrarrestan y hacen el trote agradable, una variable menos que controlar. El km 21 ya está a la vista, paso en 1:40 todo en regla según lo programado. Los minutos pasan lentos y dan tiempo para pensar en todo, la familia , el trabajo, el cansancio, los entrenamientos en solitario en Santiago y con los Full en Viña, proyecto mi tiempo y veo que puedo hacer una marca mejor de lo previsto, voy sano y con fuerzas.

Salimos del puerto y tomamos hacia la recta de Av. de los Italianos donde los aromas a parrilla me distraen por momentos, pero sigo ganando metros y acercándonos al km25 donde me espera mi hermano y quien me acompañara los últimos kilómetros. Ya no voy solo, seguimos a ritmo hasta el km 30, internamente pienso que todo debiese continuar igual y que llegaré en buen tiempo y sin inconvenientes. Mentalmente trato de ignorarlo, pero el cuerpo me empieza a avisar, las rodillas las siento recargadas, los gemelos y cuadriceps los comienzo a sentir apretados, comienzo a dudar y la estantería se comienza a venir abajo.

Aguanto como puedo el ritmo hasta el km 33, pero el desgaste ya es una realidad que me ataca y que debo manejar para llegar a la meta. Bajamos el ritmo km a km, sé que no puedo detenerme.

 

Km 35, un paso bajo nivel me golpea en la bajada y me mata en la subida. Entramos al sector de la laguna de Regatas y ya queda poco por correr y poco por entregar, tengo ciertas dudas de cual será el resultado y ya estoy pensando en correr sobre las 3:35. Todos los sentidos están puestos en dar el próximo paso y no perder tanto tiempo en cada nuevo km recorrido. Algunos compañeros de ruta empiezan a desfallecer para detenerse o caminar, uno tras otro, el Muro esta rondando.

Recorrer el perímetro de la laguna me parece interminable. (días después conversando de esto, me enteré que era un lugar precioso para correr, de verdad no lo pude apreciar, solo esperaba llegar a la recta final que comenzaba en el km 40).

Tengo la meta a la vista pero aún lejana, la mente está trabajando ahora en sentido favorable y me devuelve las fuerzas para retomar el ritmo y aumentar la velocidad. Miro mi reloj  y veo posible bajar de 3:30, me contengo una vez más, sé que no estoy para rematar los últimos 2 km y espero el último km para dar todo lo que me queda. Misión cumplida: 3:28 hrs.

La satisfacción es inmensa de haber logrado mi objetivo de este 2012, y es el punto de partida para lo que venga.

Rodrigo Muñoz

 

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